Bacteria podría ser clave en una futura vacuna contra el estrés

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Portrait of tired young business woman with laptop at the office ; Shutterstock ID 148515530; PO: today.com
Si hay algo que puede definir a la sociedad actual es el estrés. Sí, las condiciones de vida y todo ese “bienestar” al que aspiraban las generaciones anteriores está técnicamente en nuestras manos, tenemos muchos más recursos para relajarnos y tenemos un montón de avances tecnológicos a nuestra disposición que se supone que nos hacen nuestra vida más fácil; pero aún así, estamos más estresados que nunca. 

La ciencia lleva años investigando la raíz y detonantes del estrés, y si bien es cierto que el ritmo acelerado que llevamos en nuestras vidas no es que ayude mucho y es el principal motivo de este tipo de sentimiento, hay que decir que nuestra mente juega un papel fundamental. Básicamente, el estrés es la respuesta de nuestro cuerpo a una combinación de pensamientos negativos ante ciertos desafíos o cambios en nuestra vida, de intensidad y duración suficientes, que abruman nuestra capacidad de adaptación a dichas circunstancias. Nuestro cerebro reacciona en exceso a tales situaciones, ocasionando un visible desgaste físico y mental.

Por suerte para todos, parece que uno de los últimos descubrimientos de la comunidad científica podría ayudar a combatir ese tipo de situaciones, y todo gracias a una bacteria, que podría ser la clave para elaborar una vacuna contra el estrés.

 Las vacunas están diseñadas para proteger al paciente de diferentes patógenos, y es precisamente lo que un grupo de investigadores liderados por los profesores Christopher Lowry y David G. Smith habrían conseguido: tratar al estrés como un “patógeno” al que se puede combatir. ¿Cómo? Con la extracción de un ácido lípido de una pequeña bacteria, denominada Mycobacterioum vaccae, que habría demostrado ser efectivo para combatir ese estrés en una serie de pruebas realizadas por el equipo de investigación en un grupo de ratones. El lípido fue aislado y sintetizado químicamente (10(Z)-hexadecenoic), y al ser aplicado, se comprobó que conseguía estimular el sistema inmune y prevenir la inflamación de los tejidos. El descubrimiento, publicado en la revista especializada Psychopharmacology abre una puerta a la creación de una vacuna que pueda ayudar a personas con cuadros de estrés severo o pacientes con trastornos como el síndrome de estrés post-traumático.